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Técnicas Para Docentes

3 Cuentos para enseñar a los niños a ser amables y tener buenos modales

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El árbol mágico

Hace algún tiempo atrás, había un árbol en medio del bosque. Éste no era cualquier árbol sino que se trataba de un árbol mágico…

Decían, algunos ancianos de aquel lugar, que el árbol contenía un mundo de chocolates y juguetes en su interior… pero que solo se podía abrir dicha puerta si el niño que pretendiera entrar conocía las palabras mágicas…

La historia era conocida por todo el pueblo, por lo que Fabricio, un niño bastante aventurero, no tardó en hallar el árbol en medio del bosque.

Al llegar leyó que arriba de la puerta de ese árbol se podía leer la siguiente inscripción:

“Si la puerta quieres abrir

Y el mundo conocer

Las palabras mágicas

Has de decir”

 El niño empezó a decir todo tipo de palabras mágicas conocidas por él:

¡Abracadabra!, ¡Focus Mocus!, ¡Supercalifragilísticoespialidoso! Y otras tantas que se le ocurrieron en el momento… pero ninguna hacía que la cerradura siquiera girara.

Cansado ya de toda la tarde intentar abrirla, se arrodilló cerca de la puerta y suplicó: ¡Por favor arbolito: ábrete!

De repente, el árbol abrió su puerta y una voz desde adentro del mismo le dijo con suavidad:

Continúa diciendo las palabras mágicas”.

Fabricio, sorprendido, continuó diciendo:

¡Gracias por tu ayuda!

Inmediatamente la puerta se abrió de par en par y Fabricio pudo ingresar a ese mundo mágico lleno de juguetes y chocolates.

Al día siguiente llevó a todos sus amigos y juntos compartieron un fantástico día en el mundo mágico dentro del árbol.

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La máquina roba palabras

En un pueblo lejano, y hace ya mucho tiempo atrás, había un villano malvado al que le molestaba que las personas se tratasen de manera amable y gentil. A él, especialmente, le molestaba que la gente del pueblo dijera: “¡Gracias!”, “Por favor” y “De nada”.

Fue así como utilizando todo su ingenio creó una máquina para robar las palabras amables que dijeran las personas.

En pocos días la máquina ya estaba lista para ser probada así que el villano la encendió y, en ese preciso instante, todas las palabras amables como “¡Gracias!”, “Por favor” o “De nada” que las personas decían, serían robadas por dicha máquina…

Así, las personas empezaron a dialogar sin modales.

En un primer momento, nadie notó la diferencia por lo que el villano estaba realmente muy feliz y su máquina roba palabras conservaba aquellas palabras amables de parte de todas las personas del pueblo… pero pronto las personas empezaron a notar que algo no estaba bien: empezaron a tratarse con hostilidad y todos estaban de mal humor, aunque no sabían por qué…

En ese pueblo, había unas niñas que eran sordomudas y se comunicaban mediante lengua de señas… Cuando las niñas notaron lo que estaba pasando en el pueblo, decidieron librar de aquel terrible acto malvado a todos, así que siguieron al villano hasta su guarida y descubrieron la máquina roba palabras. Como las niñas se comunicaban con lengua de señas y no con palabras, la máquina no podía robar las mismas.

Entonces las niñas pensaron en cómo podían destruir la máquina. Fue en ese momento que se les ocurrió empezar a hablar con lengua de señas de manera constante durante horas entre ellas. Estando cerca de la máquina, ésta comenzó a colapsar pues no podía robar ni traducir lo que las niñas decían. Así, la máquina explotó y las niñas pudieron librar al pueblo de aquel horrible invento.

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El rey sin autoridad

En un reino muy, muy lejano vivía un rey que no tenía autoridad. Este rey, por más bueno que era (ya que no le gustaba castigar a sus súbditos) no conseguía que le hicieran caso.

Así que un buen día le pidió al mago de la corte que le diera algunos embrujos para que todos le hicieran caso…

El mago comenzó a idear todo tipo de embrujos y conjuros. Una vez terminada la larga lista se la llevó al rey. En ella contenían 120 hechizos para que las personas le obedecieran.

  • Con esta lista, mi rey, usted no podrá fallar y las personas del reino le obedecerán

Dicho esto, el mago se retiró de la presencia del rey. Al día siguiente fue llamado nuevamente ante la presencia del rey. Preocupado, asistió lo más rápido que pudo. Al verle llegar el rey le gritó desde la puerta:

  • ¡Tus conjuros de nada han servido! Nadie me hace caso ¡Vete de mi presencia!

Un bufón que se encontraba al lado del rey y había presenciado toda la escena, se acercó al rey con un papel entre sus manos y le dijo con respeto:

  • Mi señor, estas son unas palabras mágicas que mi madre decía y le aseguro que son altamente efectivas para que le obedezcan en el acto. Solamente debe usted decir la primera antes de dar la orden deseada y la segunda al finalizar la misma y verá qué efectivas son

El rey, habiendo probado todo y sin resultados positivos, pensó que “nada tenía que perder al leer dicha nota”.

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Luego de leer la misma, pensó: “Podría hacer la prueba” así que llamó a uno de sus súbditos y le dijo:

  • Por favor Evaristo, tráeme una jarra de agua y un sándwich gigante que tengo hambre

El súbdito quedó atónito por el respeto que recibía de parte del rey y de inmediato se retiró trayendo, pocos minutos después, un sándwich gigante y una jarra con agua fresca.

  •   ¡Muchas Gracias Evaristo! – dijo el rey

Evaristo se retiró de la presencia del rey, feliz por el trato recibido. Luego el rey miró al bufón y le preguntó:

  • ¿De dónde has aprendido estas palabras tan mágicas y maravillosas?
  • ¡De mi madre, señor! Ella siempre decía que era mejor ser amable para conseguir que alguien nos hiciera caso – respondió el bufón
  • ¡Sabias y poderosas palabras las de tu madre! Dile ¡Gracias de mi parte! – finalizó el rey quien había comprendido el poder del respeto.